El número de noticias con contenido de ‘horror’ por cada
mil publicaciones al año, se cuadruplica en las tres últimas décadas del siglo
XXI. Los medios de comunicación de países desarrollados ofrecen un contenido
informativo sesgado y frívolo que fomenta una visión negativa de los países en
vías de desarrollo.
Hay desinformación porque no es rentable hacer positivas
noticias de países en vías de desarrollo, sólo cuando hay conflictos porque
apela a la emoción. Todas las noticias sobre acontecimientos bélicos, hambrunas,
desastres y violencia, entre otros, han obtenido notoriedad pública y con ello,
una gran cantidad de audiencia. Son los medios de comunicación –controlados por
el Estado- los que muestran qué
acontece en diversas partes del mundo, sucesos que provocan un gran impacto
emocional y atraen la atención de miles y miles de personas que aceptan esa ‘construcción
de la realidad’ que los medios muestran.
Desde el punto de vista del ‘quehacer’ periodístico crítico, denunciar la falta de derechos, desastres, injusticias y desigualdades, supone una labor de libertad de oficio que se ha visto mermada con el avance tecnológico y los conglomerados informativos. El periodismo de mesa fluye en detrimento de la presencia física en el hecho, con una información ya filtrada y procesada que se trasmite por el mundo. Muchas veces la denuncia roza el límite con ‘la cultura del horror’ informativa. Si la proximidad fomenta el interés de la noticia, el miedo es primo-hermano del morbo informativo. Una secuencia informativa compuesta de muertes, o, en su defecto, de riesgos de muerte, parece ser el contenido común del bloque más importante de los informativos.